En barco junto a los primeros inmigrantes italianos ¡llegó al puerto la pizza! Hoy ya es una impronta porteña y uno de los “imperdibles” argentinos. Un manjar que se hace de muchas maneras y es capaz de deleitar a todos.
Una sabrosa tradición cultural
En Buenos Aires hay más pizzerías que parrillas. Están en el centro y en los barrios. Hay circuitos tradicionales y nuevos locales -en 2011, se abrieron más de 170-; de todos los precios y gustos. Se hacen al molde (de 2 a 2,5 centímetros de alto), media maza (1,5 centímetros) o a la piedra (finita y crocante). Una “Muzza” con fainá y cerveza son un clásico tan clásico como un Boca-River, una milonga o un recital. Puede ser al paso, de “dorapa”, con amigos, a la salida del cine o un partido, o en plan de enamorados. La pizza tiene el don de caerle bien a todos los momentos. Pietro Sorba, especialista en vinos y gastronomía, escribió Pizzerías de Buenos Aires(Editorial Planeta, 2010). Allí afirma que “a los argentinos les digo: sigan gozando del placer de comer la propia pizza. Es parte del ser nacional. Algo único e irrepetible. Es nada más y nada menos que el resultado de un proceso cultural que empezó hace más de un siglo y medio atrás, que se ha mantenido y se mantendrá por mucho tiempo más. Cuídenlo. Ámenlo y transmítanlo”. Por eso, Banchero, Guerrín, El Cuartito, La Continental, Romario o Los Inmortales componen el sabroso cuadro particular de los nombres propios de la ciudad que no duerme. Provecho!
Había una vez una pizza…
La pizza tiene certificado de nacimiento en el mediterráneo europeo, aunque ya es un plato universal. En Nápoles, tuvo su punto de partida moderno en el siglo XVII, pero antes ya se la conocía en la Antigua Grecia bajo la forma de un pan plano. En fin, no era pizza, pero casi: los griegos la decoraban con hierbas, especies, ajo y cebolla. Desde Nápoles salió y fue tomando la identidad de sus nuevos destinos, tanto en Italia, como en el resto del mundo. Por cierto cada lugar se la apropió y entonces en Roma la tradición es la pizza al taglio; en Liguria, la sardenera; en Sicilia, la sfincione; o en Francia, la pissaladiere. Y a Buenos Aires ingresó por el puerto de la Boca, pero no con los napolitanos, sino con los genoveses. Una locura. Hoy es tan porteña como el tango, y hay tantas pizzerías por habitante como en Italia: 1 cada 2.100.

A vos, ¿de qué sabores te gustan?
